A mediados de los años 50 del pasado siglo comenzó a configurarse una de las avenida diseñadas con visión de futuro por el entonces alcalde de Elda y procurador en las Cortes Generales, José Martínez González, conocido por “el Aragonés” a la que llamaron Gran Avenida, precisamente por su llamativa amplitud y ser parte importante del desarrollo urbanístico de la ciudad.
José Martínez González fue alcalde de Elda desde el 28 de enero de 1943 al 14 de enero de 1956, día en que falleció en un trágico accidente de tráfico en la antigua carretera nacional Alicante-Madrid, la cual transitaba por el centro urbano de Elda.
En el sepelio, efectuado en la tarde del día siguiente, la población eldense salió a la calle para darle el último adiós a un hombre que cambió los destinos de la ciudad. Tampoco faltó Blas Tello y Fernández Caballero, entonces Gobernador Civil de Alicante, ni Lamberto García Atance, presidente en su época de la Diputación Provincial.
En ese sentido, en un Pleno del Ayuntamiento de Elda celebrado el 15 de enero de 1956, presidido por el alcalde accidental Vicente Esteve Pérez, la corporación acordó dedicarle una calle al fallecido alcalde y la colocación de su busto en bronce en los jardines de la Plaza de Castelar, un monolito inaugurado el domingo 26 de mayo de 1957.
De ese modo, un mes después de su fallecimiento, el 15 de febrero de 1956, (hace hoy 70 años), la Gran Avenida pasó a denominarse oficialmente Avenida de José Martínez González, aunque la mayoría de los eldenses le siguen llamando Gran Avenida, pero es de justicia recordar al que fue un buen alcalde para Elda y un hombre avanzado a su tiempo.
Su extenso legado
Cuando José Martínez Gonzalez ejerció como primera autoridad de Elda, la ciudad a duras penas contaba con 20.000 habitantes, tenía carencia de dotaciones y servicios básicos municipales, según el relato de Gabriel Segura Herrero, cronista oficial de la ciudad.
En ese sentido, Segura detalló las obras más importantes que el malogrado alcalde llevó a efecto bajó su gestión al frente del Ayuntamiento de Elda, como la ampliación del Hospital Municipal (1944), la recuperación de las fiestas de Moros y Cristianos (1944), construcción del Mercado de Abastos (1945), Lonja de Frutas y Verduras (1946), construcción de la segunda torre del templo de Santa Ana (1946).
También amplió el Matadero Municipal (1946), y el nuevo edificio de la Casa Consistorial (1947-1948), ampliando, reformando y construyendo el recordado kiosco y templete para la música en la Plaza Castelar (1948), inició el abastecimiento de agua potable (1949), el alcantarillado público (1951-1955), construyó la ermita de San Crispín y su plantación de pinada (1951-1952), renovó la red de agua potable (1952), creó la Biblioteca Municipal (1952), adquirió los pozos de agua en Salinas para abastecer a Elda (1953), inició la pavimentación de las calles (1954-1955).
Llevó a efecto la construcción de la primera depuradora de aguas residuales (1955), la apertura de la calle Dahellos y la avenida de Novo Hamburgo (1955), y contribuyó a poner en marcha la revista Alborada (1955).
Cuando José Martínez González falleció, la ciudad de Elda ofrecía un notable aumento de expansión, con un censo de habitantes que superaba las 28.000 personas.