Las paredes del antiguo Pepico Amat desprendían olor fútbol pero comienzan a ser historia. Detrás de sus muros hubo alegrías, tristezas, penas y felicidad. Esas cercas forman parte del relato de un club centenario como el Deportivo Eldense, pero también de la lucha obrera con la leyenda del Movimiento Asambleario, Fiestas Mayores y de Moros y Cristianos, Supercross, rugby, etcétera….
Sin embargo, seis décadas antes de que la máquina excavadora, la popular pala, se llevara por delante una parte de los tabiques que se levantaron en 1964 para cerrar el entonces estadio municipal, un fragmento de aquellas tapias se vinieron abajo en la tarde-noche del miércoles 20 de enero de 1965.
En ese sentido, hace 61 años, un vendaval de unos 100 kilómetros por hora azotó la ciudad y produjo daños de consideración en arbolado, techumbres, cubiertas, tendido eléctrico, volando las antiestéticas y populares antenas de televisión que poblaban los tejados de los hogares de Elda, pero también dejó su huella en las paredes de un recinto futbolístico que había abierto sus puertas ocho meses antes.
El derribo de aquellas recién levantadas paredes obligó al Ayuntamiento de la época a fijar provisionalmente unos muros metálicos, ya que el Eldense tenía que jugar en ese lugar, cuatro días después, un partido de Liga de Tercera División, grupo décimo, contra el Monóvar, equipo al que goleó (5-2), tantos azulgranas de Sosqui y Trilles, por partida doble, y de Besó, mientras que los tantos monoveros fueron obra de Marchena y Galiana, encuentro dirigido por el colegiado murciano Salvador López Rodríguez.
Eran los tiempos del técnico yeclano José Soriano Moreno “Pepe Rey” en el banquillo azulgrana, alineando a Pepe Gimeno; Careaga, Camarasa, Joseíco; Cabanes, José Muñoz “Bartolo”; Juan Manuel Gil “Sosqui”, Luis López “Besó”, Manolo Trilles, Jesús Martín y José Francisco Mena.