Ha sido una mañana repleta de disparos de arcabucería. El bando cristiano, tras el empuje de la media luna, ha retrocedido hasta el Castillo de Embajadas, huyendo de las huestes mahometanas, que han utilizado todo su potencial bélico, acompañado de lucha a cuchillo y espada, para invadir la fortaleza de Idella y ondear sus banderas y estandartes en lo alto de la eldense plaza.
A las diez de la mañana, el bando cristiano, guiados por los estandartes de las comparsas de la cruz, se ha visto envuelto y atacado por las hordas de la media luna, las cuales han estado en los montes aguardando el momento para asaltar la plaza, provocando susto, desolación, saqueo y exterminio.
Cuando todas las comparsas se encontraban ocupando todo el itinerario hubo un momento de nostalgia y recuerdo póstumo por todos aquellos arcabuceros que fallecieron a lo largo del año. De ese modo, se produjo un silencio sepulcrar hasta que las primeras comparsas reanudaron el alardo extendiéndose el mismo por el resto del recorrido como si de una traca larga se tratara, una forma festera de rendir homenaje a los que se fueron para siempre.
Después siguió el alardo hasta que llegó la última comparsa a la Plaza del Ayuntamiento.
Todo hacía indicar que si la diplomacia fallaba habría derramamiento de sangre, y como no hubo acuerdo, porque el centinela cristiano rompió la carta de desafío en la estafeta mora, en la que se exigía la rendición y la entrega de la eldense plaza todo iba a decidirse en el cuerpo a cuerpo y lanza a lanza.
Incluso el parlamento entre ambos embajadores fue subiendo de tono y el cónsul cristiano espetó al moro: “Yo apoyo mi arrogancia en Jesucristo”, replicándole el mahometano: “Jesucristo es un falso profeta”, eso fue la gota que rompió el parlamento y condujo a la batalla entre Moros y Cristianos, por lo que el Embajador Moro se ha dirigido a sus huestes, voz en grito, y ha ordenado: “Soldados míos, a las armas, tomemos el castillo, mientras el cristiano arengó a los eldenses gritando: «Viva Elda, Viva San Antón y defendamos la fe de Jesucristo”, pero para entonces los sarracenos ya entraban disparando por la calle Colón, que ardía en llamas por los restos de pólvora, continuando la arcabucería hacia el Castillo de Embajadas, donde se atrincheraban las huestes cristianas.
Luego, el Embajador Cristiano se quedó solo para defender la fortaleza, pero en la lucha a espada el moro le ha derrotado en lo alto del alcázar y ha hecho ondear la bandera de la media luna en los torreones de la muralla. El bando moro se ha impuesto en la penúltima batalla, ya que la última será la del próximo lunes, cuando los cristianos tratarán de revertir la situación.
Antes del desfile triunfal de la media luna, dentro de las celebraciones del 50 aniversario de la Comisión de Alardos y Embajadas, hubo un momento para recordar a los Embajadores de la media luna a lo largo de los últimos años que desempeñaron la misma función que interpretó de forma brillante Juanjo Conejero Serna, integrante de los Moros Marroquíes, pero que este año está siendo arropado por los Moros Realistas, y que al igual que el Embajador Cristiano ha estrenado hoy nuevas vestimentas.