Desde junio de 2021, el terreno de juego del Pepico Amat sólo está utilizándolo el Eldense, muy especialmente su filial, que el pasado sábado jugó su último partido rodeado de las viejas paredes del antiguo estadio municipal, venciendo al Independiente de Alicante (2-1).
Los tres muros que rodean el recinto deportivo están siendo derribados por la implacable pala excavadora para dar paso al nuevo vallado perimetral, de barrotes de acero galbanizado, por un montante financiero de 695.150 euros.
Desde que abrió sus puertas ese campo de fútbol, el 26 de abril de 1964, pasaron muchas cosas hasta llegar al adiós a la añeja puerta de pases a favor, y a las arcaicas taquillas, que tantas entradas despacharon.
Con lo bien que hubiera venido a ese recinto una remodelación con los 4,5 millones de euros del Plan Confianza o Plan Camps en la etapa del exfutbolista azulgrana Alberto García, como concejal de Deportes, habría un estadio moderno, funcional y con capacidad para miles de espectadores, en lugar del actual Nuevo Pepico Amat con gradas supletorias, tribuna que te mojas cuando llueve, y una larga lista de carencias, pero aquellas decisiones políticas trajeron la cruda realidad que hay hoy en día en Elda.
Desde que el Deportivo se “mudó” al Nuevo Pepico Amat, en septiembre de 2012, el vetusto estadio municipal quedó casi en desuso, aunque acogió alguna que otra prueba de Supercross, partidos de rugby, entrenamientos del conjunto azulgrana y los referidos partidos de Liga de su filial, líder del grupo sur de la Lliga Comunitat con 54 puntos, seguido por el Benidorm con 53.
No obstante, si el Eldense B decide seguir jugando en ese escenario, desde el exterior del campo podrán verse los partidos sin necesidad de acceder al interior de la instalación. Sin embargo, por imperativos del calendario, el Eldense B no volverá a jugar allí hasta el próximo 11 de abril cuando reciba la visita del Mutxamel, 16º y último clasificado del grupo con 20 puntos.